: El Año que el Mundo se Cayó a Pedazos
NovumWorld Editorial Team
El espejismo de 2025: La “incertidumbre” como cortina de humo para el fracaso sistémico.
2025 no será recordado por una concatenación de fatalidades inevitables, sino por la cobardía y la inoperancia de las élites globales. El FMI pinta un cuadro de “incertidumbre” y “fragmentación geopolítica” para justificar su propia ineptitud. ¿Recuperación post-pandemia? Un cuento para crédulos, mientras la realidad es un estancamiento fabricado.
El dogma del crecimiento perpetuo se estrella contra la realidad. El FMI rebaja las previsiones al 2.8% en 2025 y al 3% en 2026. ¿Alguien realmente cree estas cifras manipuladas? La verdadera noticia es que el crecimiento a cinco años está en mínimos históricos, y nadie en el poder se atreve a admitir las causas reales.
La supuesta “incertidumbre” es un eufemismo para la inacción y el beneficio propio. ¿Guerras? Oportunidades de negocio para el complejo militar-industrial, como lo evidencia el aumento del gasto militar global (fuente: SIPRI). ¿Desastres naturales? La excusa perfecta para desviar fondos públicos a paraísos fiscales, mientras el ciudadano de a pie sufre las consecuencias del cambio climático.
La “transformación del comercio internacional” es simplemente la guerra económica entre EE.UU. y China recrudecida. Los aranceles y las restricciones no son accidentes, sino armas estratégicas en una batalla por la hegemonía global. La “globalización” nunca fue un motor de crecimiento para todos, sino un vehículo para la explotación y la desigualdad, tal y como lo anticipó la teoría de la dependencia.
Los bancos centrales, supuestos guardianes de la estabilidad, son los principales responsables de la crisis. Su política monetaria divergente no es un error, sino una táctica deliberada para favorecer a los grandes inversores y especuladores. Mientras la inflación castiga a los más vulnerables, los ricos se hacen más ricos. No hay más que ver los beneficios récord de la banca en 2023 y 2024, tal y como reporta Bloomberg.
Los países de bajos ingresos no son víctimas de la fatalidad, sino del saqueo sistemático por parte de las potencias occidentales. La deuda, la falta de ayuda y la dificultad para acceder a los mercados son herramientas de control neocolonial. El FMI, lejos de ser una solución, es parte del problema, perpetuando un sistema injusto y desigual.
Las recetas del FMI son un insulto a la inteligencia. ¿Reducir la burocracia? ¿Fomentar la competencia? ¿Simplificar los sistemas tributarios? Palabras vacías que no abordan las raíces del problema: la concentración de poder y riqueza en manos de unos pocos.
La crisis de gobernanza global no es una sorpresa, sino el resultado lógico de un sistema multilateral obsoleto y corrupto. Las instituciones internacionales son cómplices de la injusticia y la desigualdad. Los foros ad hoc son una señal de desesperación, no de esperanza.
La “brújula moral” europea de Borrell y Morillas es una quimera. Europa no puede liderar nada, porque está dividida, es débil y está atrapada en sus propias contradicciones. Una “Defensa Europea común” es una fantasía costosa e inútil.
Europa debe dejar de soñar con grandezas y centrarse en proteger a sus ciudadanos de la depredación económica y la manipulación política. El mercado único necesita protección, no más liberalización. El espacio informativo debe ser defendido de la propaganda extranjera, no inundado de noticias falsas.
2025 es una advertencia: el sistema está roto y no hay solución fácil. La “incertidumbre” no es una excusa, sino un síntoma de la decadencia. La única esperanza reside en una transformación radical, que implique un cambio profundo en los valores, las prioridades y las estructuras de poder. O eso, o la implosión. No hay término medio. La investigación de la Universidad de Oxford sobre la creciente desigualdad económica (en su repositorio de ArXiv) debería ser lectura obligada para todo mandatario. El futuro no es incierto: es un desastre anunciado si seguimos por este camino.